domingo

Sueño

   
Una noche desperté sobresaltada por mi sueño. La luna se mostraba a poca altura y alumbraba la parte baja del jardín. Estaba desmochada, último retazo de luna llena bailando entre las nubes en movimiento.
Corría una brisa desapacible, provocada por un descenso de la temperatura en aquel principio de otoño, lanzando un triste y susurrante lamento que se escurría entre los pinos y los abetos. Tras la ventana se colaba un olor a chimenea, a humo de leña, a hojas putrefactas o muertas, prematuro mensaje del invierno.

No acertaba a recordar que había soñado. Debió ser un sueño tétrico, porque el sudor empapaba mi pelo y adhería a mi cuerpo las sábanas de algodón.

De repente la luna quedó opacada por una nube y la oscuridad se hizo patente. De un saltó salí de la cama con el corazón desbocado y entre temerosa de un mal presagio en tu habitación.
La luz del pasillo, sin embargo, hacía percibir tu silueta inocentemente dormida. Mejillas redondeadas que se adivinaban rosáceas en la penumbra.

Quedé largo rato observando tu respiración, pausada, tranquila, en alas de un sueño dulce y sereno. Con dedos temblorosos recorrí la silueta de tu cuerpecito que permanecía desmadejadamente grácil. Te contemple largamente, disfrutando de tu presencia, de tu vida, de tu ser, lo más querido por mí. Respiré tranquila ante tu tranquilidad, y plena por sentirte vivo. En aquél tiempo temía mucho una terrSueñoobsesionada por el sueño que no recordaba. Y se me ocurrió que tal vez la respuesta me la dieses tú mismo en un futuro lejano, cuando ya fueras todo un hombre, como efectivamente ha sucedido.

Fuera, la luna volvía a bañar de plata todo lo que su luz alcanzaba.

(Inexplicablemente ese miedo a perderte prematuramente cimencé a sentirlo desde el mismo momento de tu concepción. Por temporadas se hacía tan intenso que me sentí obligada a recurrir a la ciencia médica para superarlo. Nunca conseguí erradicarlo. Y finalmente ese miedo se hizo real en la más abstractas de las situaciones, porque algo así resulta incomprensible. Terrible y sangrante dolor.
Y pienso  (siento) que sin lugar a dudas los lazos de unión entre madre e hijo llegan más allá de lo estrictamente conocido).   

5 comentarios:

  1. Hola Verdial. Me alegro mucho de volverte a leer.
    Un sueño de los que a veces dejan huella.
    Besicos muchos.

    ResponderEliminar
  2. Esos lazos de unión son inexplicables, pero existen.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Son lazos que se mantienen vivos durante bastante tiempo.

    Siento la perdida de tu hijo y comprendo muy bien por lo que has pasado con esta lucha de enfermedad.

    Mi sobrina también nos dejó después de cinco año luchando contra el cancer.

    Te abrazo fuertemente.

    ResponderEliminar
  4. Son hilos que no se ven, pero que existen, son como de seda, que te mantienen unida a él por siempre y para siempre, una época juntos en la misma dimensión,otra época cada uno en una dimensión, pero siempre madre e hijo...desgarrador mi querida Conchi, desgarrador...esos sueños o pensamientos que nos llevan a imaginar que nos quedamos sin ellos son ya de locura, así es que imagino cuando se convierte en cruel realidad...a seguir caminando mi querida Conchi...vuestras dimensiones algún día volverán a juntarse, mientras tanto tú debes seguir en la tuya con sus más bellos recuerdos.
    Un abrazotedecisivo lleno de afecto.

    ResponderEliminar
  5. Cuando comencé a leer tu relato, pensaba que era sólo ficción, pero el último párrafo y un par de comentarios me han hecho ver que es realidad. No puedo imaginar el dolor que estás sintiendo, creo que hay que pasar por esa situación para saberlo, no es lo mismo perder a los padres, que a fin de cuentas es ley de vida, que perder a un hijo, eso es anti natural, te deseo paz y que algún día puedas sobrellevar esa pena tan grande que sientes. Un abrazo.

    ResponderEliminar