"His World" - Zebrahead
Esta ciudad me aplasta. Ruido, humo, polución…….Los autos se me abalanzan con un estruendoso pitido y se me asemejan animales cuaternarios sedientos de sangre.
Ese taxista me ha mirado amenazadoramente; por un momento pensé que se me echaba encima e instintivamente me alcé los brazos a la cabeza. El bus ruge temerosamente y alborota toda mi cabellera al pasar. Esto es un caos, una ciudad de locos.
¿Y qué me grita ese imbecil desde la ventanilla? Con tanta escandalera no consigo oírle aunque la expresión de su rostro no ha podido ser más aclaratoria.
Da la impresión de que van a la caza y captura del peatón. Con sus potentes máquinas se sienten poderosos y sienten la necesidad de aniquilar a los que como yo carecen de ellas, y hacerse así con el poder absoluto del asfalto.
Cada día lo mismo. Llego a la universidad con el corazón sumamente acelerado.
Yo pienso que ellos creen que el mundo es solo para los vehículos motorizados y han creado una imaginaria lucha con los ciudadanos de a pie.
Ayer sin ir más lejos un motorista casi me tira al suelo. Tuve suerte de dar un salto hacia atrás en el último instante. Mi inesperada pirueta lo cogió por sorpresa y en una grotesca maniobra cayó al suelo. De inmediato la circulación sufrió un colapso, lo cual yo aproveché para emprender la huída antes de que me dieran caza.
Ya casi me da pánico salir a la calle porque además de del acoso temerario de los conductores también tengo que sufrir los insultos. Si no hacen sonar el claxon a toda potencia ante mi presencia, me dirigen palabras malsonantes o me hacen gestos obscenos.
No son capaces de comprender. Ni de respetar. En esta ciudad se ha perdido la humanidad.
Y no nos soportan porque se creen poseedores de las carreteras. Y las carreteras son para uso de todos, incluido yo, aunque no tenga vehículo. Parece pues que eso es algo que no entra dentro de su comprensión.
A veces he hecho uso de la fuerzas del orden público pidiendo justicia presentando denuncias y dirigiendo instancias a los organismos oficiales denunciando el caso, más muy por el contrario en lugar de apoyarme, tan solo he recibido por respuesta amenazas y advertencias.
Me dicen que me atenga a las consecuencias de mi actitud, que respete el canon establecido, que soy yo el que está infringiendo las normas…… ¡Inaudito!
Decididamente ellos tampoco me entienden. Y no me respetan.
No respetan que yo tome todos los días mi mochila y recorra los tres kilómetros de casa a la universidad a pie. No soportan que lo haga caminando en mitad de los seis carriles de circulación (tres en ambos sentidos) de las amplias avenidas de esta ciudad, y hasta ven lógico la lluvia de insultos que recibo y el peligro a que me expongo.
Nadie mueve un dedo por apoyarme.
Decididamente esto es un mundo de locos.
(Con esta entrada quiero deciros adios hasta primeros de Agosto en que regrese de las vacaciones. He dejado programadas algunas entradas en éste y otros de mis blog, aunque no sé si funcionaran. Voy a cambiar el verde de mi campo por el azul de los mares de Cádiz. Besos para todos)



















